Resumen




Editorial


VOLUMEN 6 - NÚMERO 2 / Abril-Junio (Editorial)




Abril Arellano-Llamas, Departamento de Endocrinología pediátrica, Hospital General La Raza, Unidad Médica de Alta Especialidad, IMSS, Ciudad de México, México
Aldo Ferreira-Hermosillo, Servicio de Endocrinología, Hospital de Especialidades, Centro Médico Nacional Siglo XXI, IMSS, Ciudad de México, México


La función pancreática sucede de manera precisa y sincronizada con el resto de la economía corporal con la belleza de una sinfonía perfectamente orquestada. El progreso de la tecnología intenta reproducir, cada vez con mayor exactitud, la función endocrina del páncreas en términos de secreción de insulina dependiendo de las concentraciones glucémicas basales y el consumo de carbohidratos. Han pasado algunos años desde la aparición de dispositivos como el de Arnold Kadish (la primera bomba de insulina «portátil») o el Biostator (controlado por computadora), que nunca fueron comercializados por su complejidad y poca practicidad1. En la actualidad, las microinfusoras de insulina son del tamaño de la palma de la mano y sus sistemas operativos son más sencillos, lo que permite que incluso los pacientes más jóvenes sean candidatos para utilizar esta tecnología. 



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